La nieve y su silencio me adentran en un mundo de pureza, en una sensación de paz, que me hace reflexionar; Si hay paz en tu interior la contaminación no entrará, la pureza aparecerá en tus pensamientos y en tus acciones; Si hay pureza en tí la paz se manifiesta también.
La paz y la pureza se dan la mano, lo mismo que la nieve y el silencio.
Paz-silencio: la armonía suena en el silencio, el éxtasis que se puede hallar en la naturaleza se redobla cuando esta está cubierta de nieve. El canto de algún pajarillo que acaricia el oído no rompe el silencio, si no que alegra el alma, y todo hace sentir que Dios está cerca, que estamos cerca de Dios.
Pureza-nieve: La blancura de la nieve es lo que más llama la atención, y su frialdad no molesta, parece que purifica. Hay un misterio en esa blanca luminosidad que atrae, que quisiéramos conservar sin mancha.
En la naturaleza, como siempre, están las claves para la unión con Dios, para que nuestro ser superior nos hable.
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